La escena inicial en el huerto es devastadora, con lágrimas reales que rompen el corazón. Ver a Gael Rivas relajado mientras otros sufren genera una tensión increíble. La aparición del científico loco en la base tecnológica eleva la apuesta de En el fin del mundo, yo infecto a los zombis. La mezcla de drama emocional y acción militar es adictiva, y ese final con el mapa estratégico deja con ganas de más inmediatamente.