La escena inicial muestra una atmósfera cargada de tensión entre el general y el joven tatuado. La forma en que el general degusta la carne cruda mientras observa al otro personaje refleja un juego psicológico intenso. Me recordó a momentos clave de En el fin del mundo, yo infecto a los zombis, donde las miradas dicen más que las palabras. El diseño de vestuario y los tatuajes añaden profundidad visual a la narrativa.